Las nuevas
tecnologías pueden aportar infinidad, casi diría más bien infinitos recursos
para la enseñanza de lenguas. Nos ofrecen la oportunidad de adaptarnos a un
mundo en constante cambio, también en el campo de la educación. Ya no
aprendemos igual que lo hicieron nuestros abuelos, las prioridades son
distintas, el objetivo diferente, y también lo son los medios de los que
disponemos para aprender. Lo que antes se tardaba una tarde en preparar, con
consultas en la enciclopedia, visitas a la biblioteca, ahora se logra en unos
pocos minutos. Vivimos en la cultura de la inmediatez, no lo olvidemos.
Las nuevas
tecnologías también nos acercan a un público que ya no concibe el aprendizaje
sin Internet, sin redes sociales, sin aplicaciones específicas, etc. No solo me
refiero a los más jóvenes, sino también a los profesionales de todo tipo que en
su día a día hacen uso de las tecnologías como herramienta de trabajo.
Sin embargo,
como todo en la vida, hay que usarlas con cabeza. En el campo de la enseñanza,
las tecnologías son un medio, y no un fin en si mismo. No nos deben distraer
del objetivo principal que es enseñar y aprender. El tiempo que restan no puede
superar a las ventajas que obtenemos con su uso. Debemos usarlas con plena
consciencia de sus limitaciones y 'peligros'... y por supuesto distinguiendo
aquellos alumnos que se sienten cómodos con ellas de los que no.
